Ultraviolencia
Ultraviolencia
Miguel Noguera y el Ultrashow
Sí, soy Miguel Noguera. Nací en Gran Canaria en 1979. De los tres a los dieciocho años residí en Mallorca, luego me mudé a Barcelona para estudiar Bellas Artes y me quedé allí, vamos, que ahora vivo en Barcelona, ¿entendéis? No regresé a la isla, fijé mi residencia en Barcelona, y sigo en Barcelona, claro, porque decidí no volver a Mallorca... (ocupar parte de la faja con esta aclaración ridícula).Desde hace seis años llevo a cabo una especie de monólogo-conferencia llamado Ultrashow, en el que explico mis ideas durante una hora. Las explico una tras otra, sin importar demasiado el orden. En cada Ultrashow caben unas treinta ideas. Algunas se explican con una frase corta, otras requieren varios minutos y en otras me gusto más -Noguera se está gustando-, e introduzco coñitas adicionales de puro gozo, me hago el gracioso, sí, pero más o menos funciona. Cuando estoy fino pienso que lo que hago no está tan mal. Siempre recurro a las dichosas ideas, ya sea para un Ultrashow, un artículo, o este libro. Reviso mis libretas y escojo las que me apetece explicar. Siempre la misma jugada. Las ideas se me ocurren de repente, quiero decir, no me siento en una mesa con lápiz y papel y me pongo a pensar apretándome el entrecejo, no, no se dan escenas de estreñimiento. Capto más ideas si voy a la compra, veo Telecinco, espío en la cafetería o echo unas risas con los amigos... Así a uno se le ocurren muchas cosas. El truco está en localizarlas y apuntarlas, porque son tan superficiales que se olvidan enseguida, realmente son como sueñecitos estúpidos. Aun así, pienso que hay mucha belleza en la bobada desatada. No ensayo el Ultrashow en absoluto, sólo llevo apuntados los títulos de las ideas. Es muy agradable introducir un rasgo de conferencia, una divagación en el vacío, sin gags o estructuras narrativas preparadas. Es importante que el Ultrashow se diferencie del espectáculo ensayado. Eso sí, tengo que salir a escena muy fino, y muy alegre. Sobre todo tengo que permanecer en contacto con la ilusión que siento por comunicar las ideas, si no la energía me abandona y me desinflo como un pobre desgraciado.La foto oficial de un escritorVaya foto. Los de la editorial han pagado a un fotógrafo. No sé qué coño me ha hecho en la cara, pero el archivo que contenía la imagen se llamaba "Noguera Cubano". Creo que me ha oscurecido el contorno de los ojos como si fuera un koala lascivo y luego ha inyectado una miel muy sutil en la mirada. La miel del diablo. ¡Maldito fotógrafo! Has conseguido que me enamore de mí mismo. ¿Dónde has comprado esa puta miel? Porque la deben de vender muy cara. Aun así, no ha sido capaz de abordar el asunto de la disimetría ocular, ahí se ha visto impotente. Se ha visto forzado a respetar ese ojo derecho jodido que tengo, más pequeño que el izquierdo, con ese manto de carne hinchada bajo la ceja. En realidad, dentro de esa hinchazón guardo un papelito enrollado. Hace años anoté en él mi mejor idea y pagué a un cirujano para que me lo implantara en la ceja. Siempre tengo esa zona un poco inflamada, el cuerpo no termina de encajar esa idea. Joder, ¿os dais cuenta?, la editorial ha pagado a un fotógrafo, yo pagué a un cirujano... Al final todo es dinero.